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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Oracle night: Sid Orr

And finally Sid Orr. The main character in the novel. He lives between two worlds since si found a strange portuguese notebook and uses it to create stories.


Contra todo pronóstico, aquella sensación no desapareció. Si acaso, fue creciendo a medida que avanzaba la noche, y cuando llegó la comida china a las ocho y media, yo ya estaba instalándome en lo que habría podido denominarse (a falta de un término más preciso) un estado de doble conciencia. Por un lado formaba parte de lo que estaba pasando a mi alrededor, y por otro me sentía aislado del entorno, dejaba que mi imaginación vagara con toda libertad y me veía sentado a la mesa de mi cuarto de trabajo en Brooklyn, escribiendo sobre aquel apartamento en el cuaderno azul, mientras seguía sentado en una butaca en el último piso de un dúplex de Manhattan, anclado firmemente en mi cuerpo, escuchando lo que decían John y Grace e incluso añadiendo algunas observaciones de mi cosecha. No es insólito que una persona esté abstraída hasta el punto de parecer ausente, pero el caso era que yo no estaba ausente. Me encontraba en aquel espacio, plenamente inmerso en lo que estaba sucediendo; y al mismo tiempo no me hallaba allí, porque aquel sitio ya no pertenecía al mundo real. Era un ámbito ilusorio que existía en mi imaginación, y también el lugar donde yo estaba. En los dos sitios al mismo tiempo. En el apartamento y en la historia. En la historia desarrollada en el apartamento que seguía escribiendo en mi cabeza.

Oracle night: Trause

John Trause. The famous writer of the novel.

Once again, the text in wich i based my illustration.

John tenía más dolores de lo que estaba dispuesto a reconocer. Fue a abrir la puerta apoyándose en una muleta, y mientras subía las escaleras y luego se dirigía renqueando a su sitio en el sofá —un mueble enorme, hundido en el medio, con un montón de almohadas y mantas para apoyar la pierna—, vi la mueca de dolor en su rostro, el sufrimiento que le costaba cada paso. Pero John no iba a hacer muchos aspavientos por eso. Había combatido en el Pacífico como soldado raso a los dieciocho años al final de la Segunda Guerra Mundial, y pertenecía a esa generación de hombres que consideraban una cuestión de honor el hecho de no autocompadecerse, que rehuían desdeñosamente las atenciones de cualquiera que se preocupara por ellos.(…)


Trause nunca había prestado demasiada atención a su aspecto, pero aquella noche parecía especialmente desaliñado, y al ver lo arrugados que tenía los vaqueros y el suéter de algodón —por no hablar del matiz grisáceo que había teñido la parte baja de sus calcetines blancos— supuse que llevaba la misma ropa desde hacía varios días. Como es lógico, estaba despeinado, y en la nuca tenía el pelo aplastado y tieso de haberse pasado horas y horas tumbado en el sofá desde hacía una semana. Lo cierto era que John estaba demacrado, mucho más viejo de lo que siempre me había parecido, pero cuando alguien tiene dolores y sin duda duerme poco a consecuencia de ello, no cabe esperar que ofrezca su mejor aspecto.

martes, 10 de noviembre de 2009

Oracle night: Grace

First from a series of three illustrations about Oracle Night, a novel by Paul Auster. Done for an Upcoming show about him organized by Club Leteo.

This is Grace, one of the characters. I used the following fragment of the novel for this one. (Sorry, i only have it in spanish)

"Medía un metro setenta y dos centímetros, y pesaba cincuenta y siete kilos. Cuello esbelto, brazos y dedos largos, piel pálida y cabello rubio, más bien corto. Su pelo, según caí en la cuenta más adelante, tenía cierto parecido con el de los dibujos del protagonista de El principito —un manojo de mechones rizados y en punta—, y esa asociación quizá ampliara el aura un tanto andrógina que emanaba de Grace. (…)


Grace tenía los ojos azules. De un azul oscuro, moteado de gris, con algo de castaño, quizá, pero también de avellana a modo de contraste. Eran ojos intrincados, ojos que cambiaban de color según la intensidad y la inflexión de la luz que recibieran en un momento determinado, y cuando la vi por primera vez aquel día en el despacho de Betty, se me ocurrió que nunca había conocido a una mujer que irradiara tal serenidad, tanto aplomo en su manera de ser, como si hubiera alcanzado ya, sin haber cumplido aún veintisiete años, un estadio de existencia superior al del resto de los mortales."

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